Nella stessa rubrica

Laila Karrouch

El Metro, Donato Ndongo Bidyogo (entrevista realizada por Sara Chiodaroli, noviembre 2011)

Donato Ndongo-Bidyogo (entrevista realizada por Mischa Hendel)

Inongo-Vi-Makomé (entrevista realizada por Ilaria Rossini, mayo-junio 2011, Bologna-Barcelona)

SILVIA CUEVAS-MORALES (Entrevista realizada por Sara Chiodaroli, febrero 2011)

LOS HOMBRES X, una nueva identidad, Premio Juan Montalvo 2008 (Entrevista realizada por Sara Chiodaroli, febrero 2011)

Saïd El Kadaoui (Entrevista al autor realizada por Sara Chiodaroli, junio-agosto 2010, Milano-Barcelona)

VICTOR OMGBA (Entrevista realizada por Sara Chiodaroli, octubre 2009)

Rachid Nini

Najat El Hachmi

SILVIA CUEVAS-MORALES (Entrevista realizada por Sara Chiodaroli, febrero 2011)

Silvia Cuevas-Morales nació en Santiago de Chile en 1962. En 1975, después del golpe militar de Pinochet contra el Presidente Allende, se fue junto con su familia a Australia, país que en aquella época ofrecía amparo a los numerosos exiliados chilenos. En Australia se licenció en Estudios hispánicos. En 1997 decidió emigrar al viejo continente, en España, donde hoy reside y trabaja como traductora y poetisa. Además de dedicarse al arte literario, la autora es una activa militante en la defensa de los derechos de la mujer y en la lucha contra la violencia de género.

Su compromiso se pone visible gracias a su blog Basta ya violencia patriarcal. Su carrera de escritora y poetisa se desarrolló en inglés, antes de que se fuera a vivir en Madrid, y en castellano, idioma que se vuelve dominante en esta última época de estancia en España, aunque los dos van a veces confluyendo en un único tramo, por ejemplo en la auto-traducción al español de At memory’s edge (2001). Sus primeras publicaciones durante los años noventa enseñan firmamente su proximidad al cante poético: Purple Temptatios (1994), She’s a train and she’s dangerous (1994), De amor y sombra (1995), Respiro de arena (1996), Sur/South (1997), Over the Horizon (1998). El amor, la política y las inquietudes existenciales e íntimas llenan estas páginas, sin embargo su palabra poética va a hacerse más comprometida y tajante con respeto al mundo contemporáneo después de su ‘emigración’ europea. Después de casi cinco años de espera y de peripecias burocráticas, Silvia Cuevas-Morales consigue los ‘papeles’ para formar parte del mundo español. Su experiencia dolorida por la interminable y humillante espera la introduce en una Europa que mira al ‘extranjero’ como si fuera un ser invisible, cuya existencia se limita en su ‘extranjeridad’ y cuya historia personal se vaporiza y se pierde frente a los estereotipos y a las etiquetas fabricadas por los ‘ciudadanos occidentales’. Interiorizado ya su pasado de exiliada, la experiencia personal de ‘emigración’ lleva a la autora a desarrollar un discurso de cada paso más decidido y comprometido contra la cultura dominante de la ‘clandestinidad’, contra la actitud ‘desintegrante’ de las diferencias entre seres humanos. Canto a Némesis (2003) y Rodaré maldiciendo (2008) representan un himno a la comunión entre lírica y política; una política que no es vacía y esteril, sino humana, pragmática y necesaria. Sobresaliendo de una experiencia vivencial, su palabra logra fraternalizar con las penas y las luchas de los marginalizados de todas las épocas, los extranjeros, los mendigos y las mujeres que sufren violencia.

Link:
Blog de la autora
Poemas contra el racismo
Poemas de sobre el horizonte
Desde el Exilio

(Sara Chiodaroli, abril 2011)

Italiano
Silvia Cuevas-Morales nasce a Santiago di Cile nel 1962. nel 1975, in seguito al golpe militare di Pinochet contro l’allora Presidente Allende, lascia il Cile insieme alla sua famiglia per recarsi in Australia, paese che all’epoca offriva asilo ai numerosi cittadini cileni in fuga dalla dittatura. In Australia consegue la Laurea in Letteratura spagnola. Nel 1997 decide di emigrare in Spagna dove attualmente vive e lavora come traduttrice e scrittrice. Oltre a dedicarsi alla letteratura, l’autrice è un’attiva militante nella difesa dei diritti della donna e nella lotta alla violenza di genere attraverso il suo blog Basta ya violencia patriarcal. La sua carriera di scrittrice e poetessa si è sviluppata sia in inglese, prima del trasferimento a Madrid, che in castigliano, lingua che diventa dominante nell’ultima fase di soggiorno in Spagna, anche se entrambi gli idiomi sono spesso confluiti in un’unica direzione, per esempio nell’auto-traduzione di At memory’s edge (2001). Le prime pubblicazioni negli anni Novanta mostrano un’evidente predilezione del genere poetico: Purple Temptatios (1994), She’s a train and she’s dangerous (1994), De amor y sombra (1995), Respiro de arena (1996), Sur/South (1997), Over the Horizon (1998). L’amore, la politica e le inquietudini esistenziali e intime fanno da protagonista in queste pagine liriche, tuttavia la parola poetica andrà progressivamente caricandosi di una forte valenza politica dopo la sua ‘emigrazione’ europea. Dopo circa cinque anni di attese e di peripezie burocratiche, Silvia Cuevas-Morales riesce finalmente a ottenere i documenti necessari per vivere in Spagna. l’esperienza dolorosa per l’interminabile e umiliante attesa la introduce in un’Europa che guarda lo ‘straniero’ come se fosse un essere invisibile, la cui esistenza è limitata a lla sua ‘estraneità’ e la cui storia personale si vaporizza e si disperde di fronte agli stereotipi e alle etichette fabbricate dai ‘cittadini occidentali’. L’esperienza personale della ‘migrazione’ conduce l’autrice, già portatrice di un’esperienza di esilio, a sviluppare un discorso fermo e impegnato nei confronti della cosiddetta ‘cultura della clandestinità’, contro l’atteggiamento ‘disintegrante’ delle differenze tra esseri umani. Canto a Némesis (2003) e Rodaré maldiciendo (2008) rappresentano un inno alla comunione tra lirica e politica; una politica che non è mai vuota e sterile, bensì umanizzata, pragmatica e necessaria. Sgorgando dall’esperienza personale dell’autrice, la parola poetica riesce a creare un pinte di fratellanza con i dolori e le battaglie degli emarginati di ogni epoca, i mendicanti, gli stranieri e le donne che subiscono violenza.

ENTREVISTA (Madrid, febrero 2011)

1. Tu propia experiencia de chilena fuera de Chile empezó con el viaje a Australia. ¿El hecho de haberte luego desplazado a España aportó algo nuevo en tu conciencia de exiliada? Puesto que buscar definiciones para nombrar experiencias humanas es algo convencional (y quizá muy poco fructifico para comprender), en tu opinión se trató de un segundo “exilio” (de Chile o de Australia) o de una “emigración”?

El hecho de haber salido de Chile a temprana edad (tenía 13 años) y de haber abandonado ese país debido a la situación política y de represión que se vivía bajo la dictadura de Pinochet, es muy diferente a la situación en la que me encontraba cuando dejé Australia. Creo que viví mi salida de Chile como un exilio. Hay que tener en cuenta de que hablamos de mediados de los setenta y mi primer año en Australia lo compartí con muchos exiliados: chilenos, argentinos y uruguayos. Todos salieron de sus países debido a las dictaduras y algunos habían sido víctimas directas de la represión. En esa época Australia ofreció asilo no sólo a latinoamericanos, ya que también acogió a muchos jóvenes de Timor del Este, que huían de masacres y guerras. Cuando tomé la decisión de salir de Australia no fue debido a problemas políticos ni económicos. Nada me obligaba a salir para poder sobrevivir ya que fue más bien por razones amorosas. Y sí, he vivido y vivo mi experiencia en España como inmigrante (no deseada) y no como exiliada. Después de decidir emigrar a España, en 1996, empezó un difícil camino burocrático que se terminó en 1999, año en que finalmente logré quedarme en el país. Durante aquella época mi profisionalidad de traductora y profesora no servía para nada, yo no era sino una extranjera y recibía el mismo tratamiento que los demás extranjeros. Sin embargo al empezar mi estancia “regular” en Madrid, me di cuenta de que mi identidad chileno-australiana no encajaba en las espectativas de los españoles. Para ellos, viendo mi parecer, yo representaba el estereotipo de una latino-americana y su monoperspectiva cultural no les hacía entender que una persona podía pertenecer a más que una cultura. Mi persona no encajaba en la idea que tenían de un hispanoamericano. Lo que yo representaba como ser humano no era relevante. Mi procedencia producía más interés o problemas: mi actividad intelectual no coincidía con la idea que los españoles tienen de los inmigrantes hispánicos, normalmente ocupados en trabajos de asistencia y labores manuales. Los extranjeros se reducen a ser lo que le sirve a los españoles; lo que importa es su trabajo y su mano de obra barata, mientras todo lo que ellos representan como personas desaparece junto a su historia personal. Al darme cuento de esto, me pregunté ¿qué hago aquí?, ¿es suficiente el amor para que siga en este país?

2. En muchos de tus poemas sobresale tu correspondencia e identificación solidaria con todos los extranjeros. La “extranjeridad” se convierte en una condición que realiza una unión entre seres procedentes de cualquier rincón del mundo. Esto es evidente en Canto a Némesis, donde tu cante es el de una extranjera que reflexiona sobre la condición existencial del extranjero, pero lo es aún más en Rodaré maldiciendo donde tu palabra se hace más comprometida contra la política cultural anti-migratoria española. ¿Cuándo estabas en Australia desarrollaste esta misma perspectiva frente a los demás “extranjeros” o fue algo que se produjo en ti al llegar a Europa?

Efectivamente, lo que me impulsó a escribir Canto a Némesis, fue la urgente necesidad que sentía de denunciar la situación de desprecio y maltrato hacia las personas que querían legalizar su situación en España. Durante unos tres años tuve que ir y venir de una oficina a otra, aguantar el maltrato de las o los funcionarios de turno, el desprecio, el ninguneo... Tuve que hace muchas colas, bajo el sol o la lluvia y compartí muchos momentos de solidaridad con personas de diferentes países. Como ciudadana de un país del “primer mundo”, con formación universitaria, con contactos en puestos influyentes, y con un completo comando de la lengua, igual me maltrataban... ¿Qué pasaba entonces con la gente con menos recursos y que intentaban regularizar sus papeles para cuidar de sus familias y no morir de hambre? Creo que tenía una deuda moral con las demás personas, yo tenía los recursos para denunciar e intentar educar a la ciudadanía española. Muchas personas ignoran los trámites y los abusos que tenemos que soportar si no hemos nacido aquí. En Australia la situación de los inmigrantes, que a mí me tocó vivir, fue sumamente diferente. Eso no quiere decir que no exista el racismo, pero es mucho más solapado y Australia es un país con una larga tradición de inmigración. En la época en que yo llegué a Australia, mi familia y yo vivimos durante todo un año, totalmente gratis, con vivienda, comida, clases de lengua, lavandería, asistencia sicológica, etc. En aquella época (los años 70) el Gobierno canadiense ofrecía este trato a los exiliados de las dictaduras de Latino América. Jamás me sentí maltratada como me sucedió en España. En Australia sí me identificaba con los demás extranjeros, pero parecían ser una mayoría y no me sentía como algo raro y despreciado. Fue al llegar a España, cuando tomé conciencia de las terribles injusticias que se cometían a diario y que aún se siguen cometiendo, y mi poesía se volvió más política. Tenía la necesidad de denunciar la situación de miles de vidas anónimas que sufren la incertidumbre de no saber si podrán seguir aquí o serán devueltos a su país, cuando aquí ya no los necesiten.

Existe una gran diferencia entre las leyes migratorias. En Australia si una persona conseguía la residencia, ésa era permanente. Aquí primero nos dan un año, si “nos comportamos” nos dan dos, o tres y luego cinco años. El permiso permanente ha de renovarse a los cinco años. Una permanencia que en realidad siempre está a la merced de los mercados, a no ser que pidamos la nacionalidad española.

Creo que el hecho de haber compartido historias y esperas con personas de muchos países me ha hecho sentir que formo parte de un colectivo, el de los inmigrantes. Al igual que desde que vivo aquí, me identifico con todos los latinoamericanos y el ser chilena juega un papel secundario.

3. ¿Cómo se enlaza tu experiencia de exilio/emigración en España a la desesperación de quiénes llegan o hunden trágicamente en las pateras en el Mediterráneo?

Como comentaba antes, soy conciente de que hablo desde una perspectiva privilegiada, pero comprendo y sufro la desesperación de aquellas personas que se ven obligadas a pagar fortunas para arriesgar sus vidas en pateras. Todas aquellas personas que no cumplen sus sueños, aquélla mujeres que se ven obligadas a vender sus cuerpos y soportar abusos para poder cruzar África e intentar entrar en la tan deseada Europa. Aquellos que tras sufrir días a la deriva, tras haber pisado tierra española son encarcelados como delincuentes en los CIES (centros de internamiento para inmigrantes). Yo sufrí y lloré casi a diario durante mis primeros años en España, debido a los insultos que oía en la calle, las discusiones que mantenía con personas “decentes” que ante mí hablaban de forma despectiva de otros inmigrantes. Porque muchas veces discutí al no tolerar que se hablara de esa manera, pero la respuesta era, o el insulto directo o el “pero tú eres diferente”... Si no soy negra, no soy árabe, pero soy persona igual que ellos y ellas y al igual que esas personas, añoro lo que dejé atrás, tengo un pasado rico en experiencias, me he sentido rechazada por ser diferente, y quiero que me respeten como a cualquiera.

4. La fría dimensión de la burocracia (como en Los Madrazos) penetra en la piel de los migrantes burlándose de los aspectos humanos de sus experiencias personales, hechas de dolor y desarraigo. El extranjero está representado por el “lenguaje” de la clandestinidad, creado por los políticos, por las publicidades por la calle (Lavapies 2007), inútiles para quién no tiene dinero para gastar, y por las malas palabras de la gente que se ha vuelto la Normalidad (Un día normal). ¿Qué opinas sobre este peligroso círculo de política- cultura-palabra?

La palabra tiene un valor importantísimo. Como tú bien dices, la frialdad de la burocracia penetra en la piel de las personas sensibles y, creo, hasta la de los más fuertes. El que te conviertan en un mero número, que te digan “el siguiente”, sin mirarte a los ojos, sin ni siquiera decir buenos días, ni gracias. Que sólo te digan “¡Denegado!, sin darte explicaciones, ni un “lo siento...” al final del día eso te va minando la seguridad en ti mismo.

Duele, duele mucho escuchar palabras como “negro de mierda vete a tu país”, o “maldito sudaca”, etc. Etc. Los insultos, a base de escucharlos se normalizan, incluso hasta pueden llegar a interiorizarse y quien los profiere ya ni si quiera se da cuenta que lo que dice en insultante o racista. Es como cuando la gente usa los términos “maricón” o “puta”. Ambas palabras están cargadas de una ideología nefasta – homofobia y machismo, pero la gente las usa sin pensar en lo que dicen. Y si lo hacen concientemente pues aún peor.

Creo que en Australia esa era una gran diferencia. Si alguien dice algo incorrecto, se le censura. Si lo piensa, sabe que es mejor callarse. En España, y por supuesto que estoy generalizando, la gente se cree con derecho a decir todo lo que se le pasa por cabeza. No hay límites entre lo correcto o lo incorrecto.

Mencionas, el lenguaje de la clandestinidad creado por los políticos... Creo que hay que diferenciar entre qué políticos. No todos son iguales y por suerte hay algunas formaciones políticas que no son racistas y que luchan por las reivindicaciones de los más débiles. Sin embargo estas formaciones son minoritarias. El peor mensaje que ha empleado la derecha, tanto en este país como en otros países europeos, ha sido el de usar la inmigración como si fuese equivalente del término delincuencia. Muchos políticos del PP, por ejemplo, han realizado campañas abiertamente xenófobas, pidiendo el voto para restringir la inmigración, deportar a los rumanos, expulsar a los sin papeles, criminalizar a los top manta, etc. Etc. Se atribuye el índice de criminalidad al aumento de inmigrantes, cómo si antes en este país no existieran ladrones, carteristas, etc.

5. ¿Cómo se entrelazan los perfiles de la madre Chile y de la madre Australia con respecto a tu última tierra de exilio-emigración, España?

Pienso en ese dicho trillado y cursi de “madre hay una sola”. Creo que Chile sigue siendo mi tierra materna, Australia mi madre adoptiva, y España vendría a ser la madrastra desalmada...

6. Entre dos continentes (en Rodaré Maldiciendo) es un cante de amargura frente a la imposibilidad de un “yo” único y a la violencia de la palabra “integración” que es más bien una “desintegración” del individuo para ser integrado en un sistema cultural. La idea de una identidad homogénea se vuelve una utopía irrealizable en la experiencia de un migrante, pero ¿no crees que antropológicamente la identidad “monolítica” sea una utopía que no es realizable en la realidad del ser humano que siempre es en movimiento? Puede que la Identidad se haya convertido en una obsesión del ser humano, así como el hecho de construir fronteras para limitar Estados y territorios?

Es cierto que desde los comienzos del ser humano hemos ido de aquí para allá en busca de un futuro mejor y hoy en día es difícil defender una identidad homogénea. ¿Pero qué conforma una identidad? ¿Lo que nos imponen o lo que sentimos? Creo que con el avance de las sociedades hemos ido aprendiendo que las identidades son múltiples, que cada persona es lo que ha podido o ha querido ser, aunque haya aspectos inamovibles.

Pienso por ejemplo en nuestra identidad sexual. Desde que nacemos nos imponen nuestro sexo. Somos niñas o somos niños, ¿acaso todo es blanco y negro? ¿Qué pasa con las personas transexuales? ¿Qué nos da el derecho a nosotros a decidir si esa persona es hombre o mujer? O la heterosexualidad obligatoria, hay que ser heterosexual y punto. ¿Pero acaso no existen lesbianas, homosexuales, bisexuales?

Hay una tendencia a homogenizar todo porque es mucho más simple y controlable, pero por suerte el ser humano siempre busca la verdad y el ser respetado por lo que es y lo que siente. Muchas veces he escuchado este comentario en España: “Ah, España ya no es lo que era antes” o “este barrio ha cambiado mucho desde mis tiempos”... y siempre pienso para mis adentros, sí, esto pasa en todo el mundo. Ni mi barrio de Melbourne es el mismo que dejé hace más de una década, ni el Santiago de mi infancia sigue igual.

Pero retomando el concepto de identidad. En mi caso, siempre me he sentido chilena. Es un hecho el que yo nací en Chile, lo que me da derecho a decir con toda tranquilidad que soy chilena. PERO, también soy australiana, al final de cuentas hasta ahora he pasado la mayor parte de mi vida en ese país y tengo nacionalidad australiana. Para entrar en Chile necesito una visado de turista ya que perdí mi nacionalidad. Soy las dos cosas y eso en Australia no representaba ningún problema, todas mis amistades eran o bien griego-australiana, chileno-australiana, etc. Sin embargo en España me ha resultado más fácil decir que soy chilena, porque lo de australiana no lo entienden. No tengo los rasgos “apropiados” para encajar en un estereotipo de lo que se supone es un australiano. Creo que es una necesidad humana el de buscar una identidad con la que identificarnos a nosotros mismos. Tal vez sea una obsesión y un acto de rebeldía ante aquellos que quieren limitar territorios. Mucha gente me pregunta por qué no he pedido la nacionalidad española cuando ya puedo – porque todavía no la quiero. Me siento contenta con ser chileno-australiana aunque eso resulte complicado para algunos. Y si algún día decido solicitar la nacionalidad española, seguiré siendo chilena, australiana y española. No veo porque hay de desechar algo para ser algo nuevo, lo nuevo puede incorporar algo del pasado. No hay que renunciar a todo para empezar de cero, si habláramos de cosas materiales podríamos dejarlas, pero anular de donde venimos o donde crecimos, qué lengua o acento teníamos, no veo porque debería anularlo. Para mí la riqueza más grande es la diversidad y la pluralidad. No quiero ser una oveja que no se distingue de otra...

7. En la introducción a Canto a Némesis Lidia Falcón lamentaba la ausencia de temas de género sobre la condición de la mujer. Y en Rodaré maldiciendo aparecen fuertes imágenes femeninas donde la violencia machista y la indiferencia son protagonistas: Otro macho, Guardias de seguridad – Metro Sol. Aquí la indiferencia por el maltrato de la mujer se pone en el mismo nivel que la que se produce sobre las tragedias humanas de la migración. Los españoles ofrecen su dinero a distancia para resolver los problemas del tercer mundo pero ante sus ojos el inmigrante que se encuentra en el centro de su ciudad se vuelve invisible. De la misma forma, la retórica sobre la mujer occidental libre e “igual” al hombre se ha vaciado de un sentido concreto en la práctica cotidiana. ¿Qué opinas?

Sí, Lidia hace esa pequeña crítica, pero yo tenía muy clara mi intención con ese libro. Era denunciar las injusticias en cuanto al fenómeno de la inmigración y no sobre las injusticias que afectan a más de la mitad de la población. Si en Canto denunciaba las injusticias sobre un tema concreto, en Rodaré maldiciendo mi mensaje iba mucho más allá. Era denunciar algunas de las injusticias que nos rodean a diario y despertar a aquellas personas que van por la vida con los oídos y los ojos cerrados. La indiferencia es un gran problema de la humanidad porque es inhumano pasar al lado de un mendigo y ni siquiera verlo, cenar en casa e ignorar los gritos de la vecina a la que está maltratando su pareja, o de conmoverse por un segundo al ver los cuerpos ahogados que el mar arroja a una playa llena de turistas y acto seguido seguir comiendo como si nada.

Hay muchas historias que nadie cuenta, se invisibiliza al más débil y se potencia al más fuerte. Creo que la indiferencia te hace cómplice. Este mundo debería ser de todos, y sólo juntos podremos construir un sitio en que todos quepamos y que podamos vivir en armonía. Cualquier ser humano debe tener los mismos derechos y obligaciones, y no tan sólo obligaciones. La diversidad enriquece, la endogamia mata.

8. ¿Qué representa hoy Australia por ti?

Australia es un lugar que sigue cambiando en mi percepción. Es que todo cambia. Lo que recordamos de nuestro pasado no es sino una imagen; las personas que formaron parte de nuestra vida se alejan, se vuelven frías. Los lugares que acogeron nuestra vida incluso cambian: la casa en que viví durante mi primer año con mi familia, la que estaba ofrecida por el Gobierno, hoy es un CIE. Lo que para nosotros era el símbolo de la acogida y de nuestra libertad hoy es el símbolo de un país que se ha trasformado, aunque creo que Australia ofrece mejor tratamiento que los países europeos en cuanto a los centro de identificación y expulsión. Chile sigue viviendo en mi memoria, pero se trata de un recuerdo que jamás podría reconstituirse en realidad. Después del exilio, hice un solo viaje a Chile. Me dí cuenta de que ya su rostro no formaba parte de mis recuerdos. Mi casa y la calle de enfrente habían cambiado, las amigas de la niñez que se habían quedado en el país durante la dictadura no me reconocen cmo yo no reconozco a ellas. Yo soy otra persona, fruto de las experiencias hecha en mi vida a otro lado del mundo.

Il progetto
Français
English

Interviste e racconti
Africa
Europa
Nord America
Sud America
Australia
Asia

Politiche migratorie e dispositivi di controllo
Interviste e documenti
Cronologia

Immagini e Video
Video
Immagini

Links
scritture migranti
escrituras migrantes
Passaparole Milano

Iscriviti alla Newsletter

italiano