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Najat El Hachmi

Laila Karrouch

Laila Karrouch nasce a Nador, città portuale nel nord est del Marocco, nel 1977. All’età di otto anni si trasferisce con la famiglia in una cittadina della Catalogna, Vic. Sposata con il marocchino Omar, con il quale ha avuto due figlie, Ikram e Nisrin, lavora come assistente infermieristica e collabora a diverse riviste e quotidiani. Tra le sue grandi passioni figurano la pittura e la letteratura. Nel 2004 scrive il suo primo romanzo, in catalano, De Nador a Vic, con il quale si aggiudica il Premi Columna Jove nello stesso anno. Nel 2005 lo stesso romanzo viene pubblicato con il titolo Laila in traduzione castigliana, curata dalla stessa autrice. Nel 2006 pubblica una raccolta di racconti popolari arabi dal titolo Un maravilloso libro de cuentos árabes para niños y niñas. Attraverso la sua voce diretta cercheremo di avvicinarci al mondo degli "scrittori migranti "in Spagna.

(di Ilaria Rossini)

Laila Karrouch nació en Nador, ciudad portuaria al Norte-este de Marruecos, en 1977. A los ocho años emigró con su familia a una pequeña aldea de la Cataluña, Vic. Casada con el marroquí Omar, tiene dos hijas, Ikram y Nisrin, es auxiliar de enfermería y colaboradora de diarios y revistas. Sus dos grandes pasiones son la pintura y la literatura. En 2004 escribió su primera novela, en catalán, De Nador a Vic, vencedora del Premi Columna Jove 2004, y traducida, en 2005, por la autora misma al castellano con el título Laila. En 2006 ha publicado una recopilación de cuentos tradicionales árabes: Un maravilloso libro de cuentos árabes para niños y niñas. Escuchando su voz directa, intentamos acercarnos al mundo de los “escritores migrantes” en España.

(por Ilaria Rossini)

ENTREVISTA A LAILA KARROUCH (Bologna-Vic, julio-agosto 2012)

1- A menudo los inmigrados hacen de la página escrita el espacio donde amortiguar sus sufrimientos, liberarse de los pensamientos tristes y nostálgicos y establecer un puente entre la patria abandonada y la tierra de llegada. La narración de sí se hace un modo para reflexionar sobre su propia identidad y para buscar la vía para restablecer un equilibrio interior, desestabilizado con la experiencia migratoria. ¿Compartes este valor terapéutico de la escritura que, en mi opinión, aparece también en tu novela autobiográfica Laila? ¿Crees que te habrías acercado a la literatura aunque no hubieras vivido el proceso migratorio?

Creo que la literatura es un arte, una manera de reflejar cómo es una persona y cómo piensa. A mí no sólo me ha ayudado a exteriorizar mis pensamientos agónicos y mis penas, además me he podido conocer un poco más a mí misma. Creo que si no hubiera vivido el proceso migratorio hubiera tenido una vida muy distinta a la que tengo actualmente; otros valores, otras preocupaciones, otras motivaciones…

2- Entre la literatura y la pintura, otra tu grande pasión, ¿cuál es la que prefieres y con la cual logras manifestar y transmitir en modo mejor tus emociones y tus raíces africanas?

Digamos que la literatura me atrae más y es más barata. Es verdad que con la pintura es más fácil de encontrarme, es decir, no puedo pintar un cuadro gris y oscuro. Necesito colores vivos y alegres porque me dan vida.

3- ¿Cuál ha sido la motivación que te ha empujado a traducir De Nador a Vic al castellano, a modificar el titúlo en Laila y a no mencionar nunca en el texto ni Vic ni la Cataluña?

Eso ha sido una decisión de la editorial. Hay que vender libros y ellos tienen mucha experiencia y son grandes profesionales. Vic es una ciudad muy catalana y se trata de vender un libro que guste al público español o que hable español. La editora pensó que mi historia era bonita, no muy trágica, y que valía la pena dar a conocer, de modo que, traducirla al español era más fácil llegar a más público.

4- Laila es un libro muy agradable, donde, con tono plácido y sereno, haces resaltar tu intento de fomentar el diálogo y la tolerancia entre personas de diferentes culturas, aunque la imagen de cubierta (editorial Oxford University Press, 2010), muy oscura, deja filtrar una única interpretación, la del elemento islámico y amenazador del “otro”, que en ningún modo logra integrarse. En tu opinión, ¿por qué la editorial Oxford University Press ha elegido esta imagen, que se diferencia mucho de las precedentes cubiertas y del contenido de la novela?

Puramente marketing. Creo que mucha gente compra libros por la portada, y en este caso, el mundo islámico llama la atención y si además añadimos “ingredientes picantes” como mujeres y niñas con el rostro cubierto, sinceramente, vende más. De todos modos, yo vi esa portada por primera vez en internet.

5- ¿Llevas pañuelo en la cabeza? Según tu opinión, ¿cuáles son los pros y los contras del pañuelo?

No llevo pañuelo por decisión propia, pero Vic tampoco es una ciudad que te ponga las cosas fáciles. Para muchas personas el pañuelo es un elemento que quita valor a una mujer, incluso muchas (bajo una enorme ignorancia) asocian pañuelo con obligación. Con el cabello cubierto te miran con inferioridad y yo no me considero así, creo que soy igual a todo el mundo. El día que decida ponerme el pañuelo será porque lo quiera yo. Hay valores y creencias que son muy íntimas y nos ayudan a sobrevivir. La decisión de ponerte un pañuelo o no es una decisión personal.

6- ¿Cómo vives la condición de mujer marroquí en España, y con más precisión en la pequeña aldea de Vic? ¿Te consideras una mujer integrada y aceptada?

Cada vez tengo más claro que la vida es una lucha individual. Mi lucha no ha hecho más que empezar. Hoy en día, no doy importancia a ciertas cosas que antes no me dejaban dormir, por ejemplo, un insulto por pertenecer a otro país. Estoy orgullosa de formar parte de dos continentes a la vez porque eso me supone una gran riqueza cultural e idiomática. Yo me considero una mujer integrada y respetada muchas veces, aunque hay gente que insiste en clasificarme según mi raza y mi origen. He sido rechazada pero me he ganado mucho terreno con mucho esfuerzo. Tengo que decir que el rechazo también me ha hecho más fuerte y eso para la vida es fundamental.

7- El hecho de haber llegado a España a los ocho años facilitó por cierto tu impacto con los idiomas (catalán y castellano); de hecho escribes: “El asunto del idioma no me preocupaba tanto como otras cosas”, p. 40. Si la lengua no ha sido un grande obstáculo para tí, ¿cuáles han sido las dificultades más grandes a las que te enfrentaste al llegar en una sociedad tan diferente de la de origen?

Sabía que la lengua la aprendería tarde o temprano, lo que no tenía muy claro era si esa tierra gris de edificios altos llegaría a gustarme o no. Una de las grandes dificultades era la lucha sin mis abuelos cerca. Necesitaba protección y comprensión. Mis hermanos y mi madre estaban en la misma situación que yo y mi padre, que llevaba años en España y conocía el sistema, era un gran desconocido para nosotros. Inspiraba poca confianza y nadie se atrevía a preguntarle nada.

8- La de tu familia ha sido una historia de reunificación familiar y de búsqueda de mejores condiciones de vida. ¿Cuándo tu padre llegó a España por primera vez y cuál ha sido su impacto con la realidad europea? ¿Qué contaba a tí y a tus hermanos antes de vuestra salida hacia España?

Mi padre viajó por primera vez a España en el 1976, cuando nació mi hermano. Poco tiempo después fue expulsado del país. Un año más tarde, cuando nací yo, lo volvió a intentar. Esta vez le salió bien. Me explicaba que iba tan desorientado que había perdido el sentido del ridículo. Cada paso era inseguridad y más de una vez le habían gastado bromas. En Vic, en ese momento, había un único bar que permitía la entrada a marroquíes, eso le marcó mucho. Cuando venimos mis hermanos y yo a España, no sabíamos nada de este país. Ése fue precisamente el error, no explicarnos nada de nada. Mi padre pensó que éramos muy críos para entender cosas y no se molestó mucho en darnos pistas sobre nuestro futuro país.

9- Una de las escenas de Laila que más me gustó es la de la salida (pp. 15-16), que se abre con las frases: El avión había llegado. Era enorme, como un pájaro gigante. Una escena donde las imágenes del pasado (el pensamiento hacia tus abuelos) se cruzan con las del futuro (la España idealizada como el País de la gloria), y están rodeadas por el halo de tu estupor hacia el avión. Pero por tus palabras no aflora la sensación de susto hacia una nueva vida en una nueva tierra, quizás porque tu tierna edad te hacía mirar la vida con ingenuidad y porque te sentías protegida por el calor de tus familiares (tus padres y tus cuatro hermanos). ¿Es correcta mi interpretación?

Sí, si mis familiares se hubieran alejado de mí unos metros me hubiera sentido pequeña y asustada. Pensar que todos estábamos experimentando nuevas sensaciones y miedos, me sentía unida a ellos.

10- La narración de Laila llega hasta el 2002, año de nacimiento de tu primer hija, Ikram. Comparto la decisión tua y de Omar de haber hablado a Ikram en bereber además que en castellano; ha sido una manera para transmitirle vuestro bagaje cultural africano. Según las etiquetas, Ikram es un ejemplo de “tercera generación de inmigrados”. ¿Qué tipo de relación tiene con la tierra en la que ha nacido, España, y con África, la tierra de origen de sus padres?

Para mí es muy importante que Ikram mantuviera mis raíces. Quiero que tenga riqueza y no me gustaría que perdiera contacto con mis familiares que todavía viven en Marruecos. A Ikram, y a su hermana Nisrin, las llevo de vacaciones a mi país de orígen siempre que puedo. Conocen el idioma y no se sienten inmigrantes. Tienen amigas en Marruecos y desean visitarlas a menudo.

11- De hecho la novela Laila ofrece numerosos cuentos de viajes, también hacia África, demostrando como en vuestra familia sigue vivo el valor del viaje y del regreso a la tierra natal...

Pensé que cuando me hiciera mayor perdería las ganas de viajar a mi país, pero es todo lo contrario. Con los años, viajar a Marruecos se convierte en una necesidad.

12- Regresar a la propia patria significa volver a encontrar las personas queridas y a apropiarse de espacios, tradiciones y, por qué no, de sabores. En la novela, de hecho, cuentas de cuando regresaste por primera vez a Nador en ocasión de las vacaciones de verano en 1988; en aquella experiencia se realiza una vuelta real a la vida africana a través de la comida, gustando el desayuno preparado por tu abuela, a base de té con menta, pan tostado y zaxneft. De hecho la comida es un importante elemento de condivisión, de integración y de comunicación entre culturas, como bien testimonia otra escena muy significativa de Laila, con la cual cierras tu novela: “Me gusta hacer un buen cuscús para comer y una tortilla de patatas para cenar. ¿Por qué no?” (p. 153). A partir de esta frase, ¿puedes explicar tu relación de equilibrio entre la realidad europea y la realidad africana?

Precisamente mi vida se basa en equilibrarme entre estos dos mundos. He llegado a la conclusión que no hay que seguir ninguna tradición a raja tabla. Se puede hacer una mezcla, según la necesidad de la persona, y buscar esa paz interna que todos buscamos. Con los años he conseguido valorar mi cultura, aceptarla y quererla y hacer lo mismo con la tierra de acogida, en este caso España, que tiene muchas cosas buenas. Para llegar a esta conclusión he tenido muchas discusiones con mis padres y muchos conflictos internos. Me he sentido perdida en muchas ocasiones y he necesitado que alguien me echara una mano. A veces encuentro ese alguien, pero a veces no.

13- Has vivido la migración como un proceso de enriquecimiento, consciente de que no significa perder raíces, sino ganar otra cultura. ¿Qué querrías decir a aquellos inmigrantes que perciben su desplazamiento a otra tierra sólo en luz negativa, como una experiencia de pérdida, marginalidad, privación y sufrimiento?

Creo todos tenemos ese pensamiento al principio. Dejar nuestras raíces es duro y hay que pasar una fase de duelo. Los primeros meses, años, es cuando más se echa de menos a todo el mundo y deseamos oir. Creo que la tranquilidad llega cuando se cumple el primer objetivo; encontrar un trabajo y una estabilidad económica.

14- Volviendo al tema del regreso a la patria, a menudo el inmigrado se percibe a sí mismo como extranjero incluso en el país en el que nació, porque no se le reconoce ya como nativo. En ocasión de tu primer regreso a Nador, de hecho, tu prima Jamila te llamó “la extranjera” (p. 83). ¿Cómo reaccionaste?

Me di cuenta en seguida que ya nada volvería a ser como antes. A mí personalmente, me dolió bastante, sobre todo al principio. Luego me acostumbré. Me acuerdo solo cuando veo actos racistas, que es cuando la herida escuece porque no sé qué ni a quién defender.

15- ¿Tienes otros proyectos literarios en curso?

Si, para el año que viene tengo en proyecto una novela. Me la estoy trabajando con mucha ilusión.

16- La escritura de migración en España es un ámbito todavía poco conocido y poco estudiado, que no recibe la debida atención por parte de los lectores y de las grandes editoriales. ¿Piensas que esta forma de cerrazón se deba al hecho de que el fenómeno de la inmigración en España, con respecto a otros países, es más reciente? ¿Crees que la desconfianza y el escepticismo de los autóctonos se deban a una impreparación a acoger las expresiones culturales del “otro”? ¿Cómo vives tu condición de escritora insertada en el contexto social y literario español?

No creo que el proceso migratorio sea reciente en España. El problema, creo yo, es que se ha dado importancia a cosas que no lo son realmente como es la vestimenta. Nos hemos dedicado a conocernos por fuera y desconocemos lo realmente importante. Tengo la sensación que llevamos muchos años con el mismo disco y creo que ya toca cambiar. Me refiero que ahora toca de ver banderas y fronteras y preocuparnos más por aprender a convivir. La condición de escritora es complicada. A veces me pregunto el por qué he elegido este camino tan difícil cuando ya tengo una carrera universitaria (soy enfermera) y puedo vivir relativamente tranquila. Luego me doy cuenta que soy así, que soy una persona complicada y que voy a buscar todo lo que me prohibieron de pequeña en mi pueblo. Es verdad que la gente de este país me mira con otros ojos y me aprecia más, pero cierto también que espera más de mí. A veces me da miedo decepcionar.

17- En las páginas de Laila predomina tu optimismo hacia la formación de una sociedad multiétnica; este optimismo se puede trasladar también al ámbito literario, es decir, ¿piensas que tardes o temprano, vosotros, los escritores, podréis lograr un reconocimiento por la sociedad española?

Creo que este fenómeno es nuevo. Cuando pasen unos años habrá más Lailas que escriban en catalán. Ya no será lo mismo. Habrá más exigencias y habrá que demostrar más talento. Mi suerte, y lo digo con la cabeza muy alta, es formar parte de esta novedad. Este es un premio que no me lo quita nadie. De pequeña tuve muchos sueños pero nunca ser escritora! Nadie regala nada. La primera novela puede pasar porque es novedad, las siguientes tienen que ser buenas para gustar y eso no es nada fácil.

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