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El Metro, Donato Ndongo Bidyogo (entrevista realizada por Sara Chiodaroli, noviembre 2011)

Presentamos aquí una entrevista al autor Ndongo Bidyogo entorno al tema de las migraciones africanas hacia Europa que se ha hecho protagonista en su última novela El metro, publicado en 2008 en castellano.

El autor de Guinea Ecuatorial, ya exiliado en España durante la dictadura de Francisco Macías y, por segunda vez, desde los años Noventa después de la significativa dirección del Centro cultural hispano-guineano de Malabo y después de una colaboración con la agencia de prensa española EFE, escribió una novela que supuestamente tendría que completar la trilogía compuesta por Las tinieblas de tu memoria negra (1987) y Los poderes de la tempestad (1997). Eje central de las dos primeras obras es la palabra recogida de la memoria perdida de Guinea Ecuatorial, realizada a través de las historias familiares de los personajes. Este elemento de recuperación de una conciencia histórica robada por siglos de ocupación y colonización no desaparece en El metro, sino que se mezcla con la aparición del tajante tema de la contemporaneidad: las migraciones desde Africa hacia Europa. Los viajes migratorios, encarnados en la experiencia de su protagonista Lambert Obama Ondo, acogen en sí las consecuencias de la explotación y del poder occidental secularizados en los territorios periféricos extra-europeos y enseñan la cara oculta de las metropolis y de los centros de la economía globalizada. La novela fue traducida al italiano en 2010 por la editorial Gorée.

Presentiamo un’intervista al autore Donato Ndongo Bidyogo nella quale è stato affrontato il tema delle migrazioni africane verso l’Europa, che ha anche occupato un ruolo chiave nel suo ultimo romanzo El metro, pubblicato nel 2008 in castigliano. L’autore della Guinea Equatoriale, già esiliato in Spagna negli anni della dittatura di Francisco Macías e, una seconda volta, negli anni Novanta dopo la significativa esperienza di direttore del Centro Culturale Hispano-guineano di Malabo e dopo la collaborazione con l’agenzia stampa spagnola EFE, propone un romanzo che potrebbe completare la trilogia cominciata con Las tinieblas de tu memoria negra (1987) e Los poderes de la tempestad (1997). Asse centrale delle due prime opere è la parola ritrovata della memoria perduta del proprio paese; una ricomposizione che si rende possibile attraverso i racconti delle storie familiari dei personaggi. Il recupero della coscienza storica, reso impossibile dalle ripetute occupazioni e colonizzazioni perdurate nei secoli, non scompare ne El metro, ma si intreccia con l’emergere di uno dei temi più imponenti della nostra contemporaneità: le migrazioni tra Africa ed Europa. I viaggi migratori, condensati nell’esperienza del suo protagonista Lambert Obama Ondo, accolgono in sé le conseguenze dello sfruttamento e del potere occidentale secolarizzati nei territori periferici extra-europei e gettano una luce significativa sul volto ombroso delle metropoli e dei centri dell’economia globalizzata. Il romanzo è stato tradotto in italiano nel 2010 per Edizioni Goréè con il titolo Il metrò.

(Sara Chiodaroli, novembre 2011)

Intervista a Donato Ndongo-Bidyogo (novembre 2011)

En su última novela el tema de la emigración-inmigración penetra en una estructura narrativa que ya formaba parte de sus primeras obras. En El Metro, de hecho, la historia familiar y personal de Lambert Obama Ondo se funde con el camino de los migrantes transnacionales que hoy circulan en el espacio europeo occidental. ¿Cómo este tema se ha vuelto tan importante para Usted hasta insertarlo en su novela?

El tema de la emigración de los africanos hacia Europa me ha interesado siempre. Prueba de ello es que fue el objeto de mi primer texto literario publicado, El sueño, aparecido en Octubre de 1973 en la revista «Papeles de Son Armadans», que dirigía entonces el académico y después Premio Nobel Camilo José Cela. Yo tenía 22 años, pero me di cuenta de que nadie sale de su país, arrostrando mil dificultades que a menudo terminan en la muerte, sólo por capricho. La emigración no es turismo. De modo que debían existir unas causas poderosas que la impulsaran. Y esas causas son políticas y económicas, y tienen que ver con las circunstancias que padece África desde hace cinco siglos: esclavitud, colonialismo y neocolonialismo. El simple hecho de que millones de africanos se vean obligados a huir de sus países constituye un alegato, una denuncia, de nuestras condiciones de vida, y eso ya me parece suficientemente importante: no podemos entender ese fenómeno sin ahondar en las causas que lo provocan.

Es interesante ver como Usted pudo entrelazar el discurso local del espacio social africano, al que el protagonista pertenece, a la dimensión global de un fenómeno, el de la emigración hacia Europa, que indistintamente cruza fronteras. Creo que ésto es una novedad en el interior de la producción literaria de Guinea Ecuatorial. ¿Qué opina Usted?

Que yo sepa, ningún otro novelista de Guinea Ecuatorial ha tocado este tema. Sólo se aproxima a él el estupendo relato de Francisco Zamora, Bea, que recogí en mis Antologías. Algunos poetas han tratado el tema del exilio, que es una forma de emigración, pero no exactamente lo mismo.

Su experiencia personal de exiliado presenta aspectos que los proyectos migratorios contemporáneos no tienen, por ejemplo, una ‘segunda-patria’ acogedora – aunque la acogida de España fue también algo problematico por los guineanos. ¿Hay sin embargo rasgos humanos comunes, según su opinión?

Emigración y exilio tienen rasgos comunes. Son dos caras de una misma moneda. El emigrante huye de la miseria material, pero conserva la potestad de retornar. En cambio, el exiliado ha sido obligado a abandonar su país debido a causas políticas, para salvar su vida o evitar la cárcel y la tortura; y no puede regresar mientras dure el régimen que le expulsó de ese paraíso particular que es el lugar de nacimiento. El trasfondo es el mismo: una situación política que impide o frena el desarrollo económico y fomenta la intolerancia, propiciando las dictaduras. En África, dictadura y subdesarrollo suelen ir emparejadas. Dentro de las sociedades de acogida, sin embargo, esos matices tienden a desaparecer. Cuando un negro camina por cualquier ciudad europea, no se distingue al inmigrante del exiliado, y ambos son víctimas, por igual, de la hostilidad, del rechazo de ciertas minorías intolerantes.

¿Usted piensa que la perspectiva neo-colonial que se percibe con fuerza en esta novela se percibe también en la sociedad contemporánea, la española por ejemplo?

El europeo actual apenas percibe que el fenómeno migratorio presente es consecuencia directa del colonialismo y su secuela, el neocolonialismo. Ningún europeo se siente responsable de las miserias africanas, causa de la emigración. No es culpa suya: ni sus dirigentes, ni el sistema educativo, ni los medios de comunicación le informan de que su bienestar se asienta sobre la explotación de millones de otros seres humanos, que nuestras ‘independencias’ no han supuesto ni libertad ni desarrollo para nosotros. El hecho de que países como Francia, Reino Unido, España, Portugal y otros sostengan abiertamente a los tiranos apenas es percibido por la opinión pública; y la clase política europea, sin distinción de ideologías, juega el mismo juego perverso de perpetuar las dictaduras crueles y cleptómanas en África. Por poner algún ejemplo, la política africana del socialista francés François Mitterrand no fue distinta a la de su predecesor ni a la de su sucesor; en España, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha sostenido abiertamente al tirano Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial, única excolonia española en el África subsahariana. Y, en general, las políticas de la Unión Europea tampoco favorecen ni nuestra libertad ni nuestro desarrollo. Mientras las cosas sigan así, no tenemos más remedio que huir hacia Europa, que ha construido su prosperidad y su sistema de libertades sobre la explotación de nuestros pueblos.

¿España, y la Europa-Eldorado, está consciente de la conexión que se entabla entre su pasado de colonización territorial y política y su presente de explotación económica – o sea lo que diariamente se produce en el utilizo deshumanizador del cuerpo del trabajador inmigrante?

Acabo de afirmar que las sociedades europeas se han ‘desconectado’ de su pasado esclavista y colonialista, y no se consideran responsables de nada. Pero habrá que recordar siempre que en la Europa medieval eran recurrentes las hambrunas y las epidemias, que sólo tuvieron fin tras el ‘descubrimiento’ y conquista de América. La explotación de ese continente fue posible gracias a la mano de obra africana, llevada en condiciones de esclavitud. Y gracias a esos excedentes, fue posible la revolución industrial, que pudo consolidarse debido a las materias primas explotadas en estos dos continentes, pero también en Asia. De modo que la construcción de la Europa próspera, tal y como existe hoy, hubiera sido imposible sin ese concurso de factores. La consecuencia es que la Europa actual se sustenta sobre las barbaridades de los negreros, esclavistas y demás explotadores. Decirlo así no puede considerarse una forma de ‘revanchismo’, sino que, para ser completa, es necesario explicar la Historia también desde el punto de vista de los explotados. Sólo así conseguiremos fundar un mundo de verdad mejor, en el que sean posibles conceptos como justicia y tolerancia.

Las recientes revoluciones árabes, y en segundo lugar la guerra de Libia, pusieron en relieve el problema de la acogida de los refugiados por parte de los países europeos. En el caso de Italia, por ejemplo, entre febrero y marzo, apareció necesario acoger indistintamente a los tunecinos proporcionándoles un permiso temporáneo de protección humanitaria. A los mismos tunecinos se los había considerado como simples ‘inmigrantes ilegales’ – a menudo criminalizados por los discursos políticos gobernamentales - hasta finales de enero; la nueva situación política de Tunez impuso a los países europeos una actitud ‘politicamente correcta’ frente a ellos. ¿Cuál es en su opinión el aspecto más deshumanizador de las políticas europeas?

El aspecto más deshumanizador de las políticas europeas es el egoísmo exacerbado, puesto que sólo miran a sus intereses. Y niegan la verdad. Sea ésta una verdad histórica – como acabo de plantear – sea el papel que tienen en la crisis africana sus gobernantes, sus empresas y sus pueblos, que se benefician de la superexplotación de nuestros habitantes y de nuestros recursos. En algunos ámbitos – muchos más de lo que se cree – aún se considera a los negros incapaces de autogobernarse. Podemos afirmar que el racismo sigue predominando en las relaciones entre africanos y europeos. Junto a ello, la desconfianza visceral que produce en Europa cualquier africano que mire por los intereses de su propia población. El asesinato de Patrice Lumumba en la República Democrática de Congo en 1961, el del presidente Thomas Sankara en Burkina Faso en 1986 – sin contar otros episodios más recientes, como el derrocamiento del presidente Laurent Gbagbo en Costa de Marfil pace unos meses – tienen una misma constante: impedir que África recupere su dignidad, que podamos gozar de libertad y bienestar. Sólo cuando las potencias europeas – y otras añadidas, como Estados Unidos y China – comprendan que su libertad y bienestar son compatibles con nuestra libertad y nuestro bienestar, empezarán a cambiar las cosas.

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